La casa de los celos

De pronto se topa uno con esta serie de versos geniales, algo casi imposible, lo que se dice y cómo se dice, en fin, la genialidad cervantina. Destacamos los versos especialmente sobresalientes, que en el final son todos sin desperdicio:

CLORI
Con él tengo, Corinto, más ganancia
que contigo, con Lauso y con Riselo,
que vendéis discreción con arrogancia.
Rústica el alma, y rústico es el velo
que al alma cubre, y Rústico es el nombre
del pastor que me tiene por su cielo.
Mas, por rústico que es, en fin es hombre
que de sus manos llueve plata y oro,
Júpiter nuevo, y con mejor renombre.
Él guarda de mis gustos el decoro,
ora le envíe al blanco cita frío
o al tostado, engañoso libio moro.
Tiene por justa ley el gusto mío,
y el levantado cuello humilde inclina
al yugo que le pone mi albedrío.
No tiene el rico Oriente otra tal mina
como es la que yo saco de sus manos,
ora cruel me muestre, ora benigna.
Quédense los pastores cortesanos
con la melifluidad de sus razones
y dichos, aunque agudos, siempre vanos.
No se sustenta el cuerpo de intenciones,
ni de conceptos trasnochados hace
sus muchas y forzosas provisiones.
El rústico, si es rico, satisface
aun a los ojos del entendimiento
y el más sabio, si es pobre, en nada aplace.
Dirán Corinto y Lauso que yo miento,
y muestra la esperiencia lo contrario,
y Rústico lo sabe, y yo lo siento.

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