La física y la ética de Aristóteles

Que Aristóteles fue un genio está fuera de duda, pero la admiración por su obra choca con la “inutilidad” de su pensamiento en el mundo actual. Así, su Física sólo puede leerse por entretenimiento, ya que nada quedan de sus ideas en la física actual: no podemos tomarnos en serio las ideas aristotélicas sobre astronomía, su cosmogonía, el sistema de esferas, o su idea del movimiento. Otro tanto ocurre con su obra Del ánima, el intento de encontrar aquello que da vida a los animales: los conocimientos actuales de biología han dejado atrás esa interpretación del fenómeno vital. No ocurre lo mismo con su Investigación sobre los animales, que conserva buena parte de su genialidad, en el sentido del naturalista que estudia los animales, sus costumbres, los clasifica etc. Y así llegamos a su Ética, que presenta la misma densidad de pensamiento que las demás obras, pero que igual que ellas es susceptible de crítica. El problema es que la ética no ha seguido los pasos de la física y la biología, es decir, no se ha ido modificando con los siglos mediante el método científico, el descubrimiento de leyes etc … O puede que sí: la sociobiología es mucho más eficaz a la hora de interpretar la moral humana que cualquier ética “acientífica”, dicho esto en sentido peyorativo, como hace siglos los escritores cristianos se referían a los “paganos”, es decir, a los que no habían accedido a la revelación del verdadero dios. La revelación ahora es la ciencia. Junto a la sociobiología está la neurofisiología, que explica el funcionamiento del cerebro desde bases biológicas, es decir, desde la biología molecular.

Así pues, la ética de Aristóteles no tiene una base más firme que su física, no hay nada indiscutible en ella, en sus mismos fundamentos, como por ejemplo el concepto del término medio virtuoso. Lo cierto es que el entendimiento del  ser humano como primate producto de la evolución es mucho más revelador que la especulación sobre bases extraídas de la razón pero sin conocimiento. La razón carente de información construye castillos en el aire. Información que Aristóteles por razones obvias no tenía, ya que sólo ha llegado en los dos últimos siglos, y en su mayor parte en el último, con la sociobiología y la neurofisiología.

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