Momentos hilarantes de la Historia

LIV. Entretanto, los atenienses, como conocían bien el humor político de los lacedemonios, hechos a pensar una cosa y a decir otra, manteníanse firmes en el sitio donde se hallaban apostados. Lo que hicieron, pues, al levantarse los demás del ejército, fue enviar uno de sus jinetes encargado de observar si los espartanos empezaban a partir, o si era su ánimo no desamparar el puesto, y también con la mira de saber de Pausanias lo que les mandaba ejecutar.

LV. Llega el enviado y halla a los lacedemonios tranquilos y ordenados en el mismo puesto, y a sus principales jefes metidos en una pendencia muy reñida. Pues como a los principios hubiesen procurado Pausanias y Eurianacte dar a entender con buenas razones a Amonfareto que de ningún modo convenía que se expusiesen los lacedemonios a tan manifiesto peligro, quedándose solos en el campo, viendo al cabo que no podían persuadírselo, paró la disputa en una porfiada contienda, en que al llegar el mensajero de los atenienses los halló ya enredados, pues cabalmente entonces había agarrado Amonfareto un gran guijarro con las dos manos, y dejándole caer a los pies de Pausanias, gritaba que allí tenía aquella chinita con que él votaba no querer huir de los huéspedes, llamando huéspedes a los bárbaros al uso lacónico. Pausanias, tratándole entonces de mentecato y de furioso, volvióse al mensajero de los atenienses que le pedía sus órdenes, y le mandó dar cuenta a los suyos del enredo en que veía se hallaban sus asuntos, y al mismo tiempo suplicarles de su parte que se acercasen a él, y que en lo tocante a la partida hicieran lo que a él le vieran hacer.

Heródoto. Los nueve libros de la Historia. Libro IX

Podemos imaginarnos a Pausanias intentando convencer al cabezota de Amonfareto de que era mejor marcharse, y el otro diciendo que no se va y no se va, con la anécdota de la “chinita” del voto. Y el pobre Pausanias volviéndose hacia el enviado ateniense diciéndole: “Ya ves, este tío, que se ha empeñado en quedarse y no hay manera de convencerle. Oye, dile a los atenienses que estamos liados con esto”.

En un momento tan trascendente, y en medio de tanta tensión, la anécdota de Amonfareto es realmente graciosa. Luego son los espartanos solos los que barren a los persas en Platea, como antes fueron los atenienses solos los que hicieron otro tanto en Maratón.

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