Shakespeare inspirándose en Tácito

XII. El César, pasado el Visurgo, tuvo noticia por un fugitivo del lugar que había escogido Arminio para la batalla, y cómo en la selva consagrada a Hércules se habían recogido otras naciones con ánimo de acometer aquella noche los alojamientos. Diose crédito a este hombre, y veíanse ya de lejos los fuegos encendidos; por cuyo medio, acercándose un poco más los corredores romanos, volvieron con aviso de haber oído grandes relinchos de caballos y el murmurio de una confusa y desordenada muchedumbre de gente. Con esto, Germánico, viéndose cercano a haber de tratar de la suma de las cosas, y pareciéndole acertado tentar el ánimo de los soldados, pensaba en sí el mejor medio para poderlo hacer con verdad y entereza. Sabía bien que los tribunos y centuriones tienen por costumbre decir las cosas más como saben que han de agradar que como ellos las entienden. Conocía que los libertinos conservan siempre aquel ánimo servil, y que entre los amigos de los príncipes suele reinar de ordinario la adulación. Si hacía parlamento en general a todos, allí también sucedía gritar a bulto muchos lo que comenzaban a decir pocos. Resolvióse al fin, para tener conocido el ánimo de su gente, en procurar oír él mismo lo que los soldados decían a sus camaradas, entre las viandas militares, cuando más seguros estuviesen de que no eran oídos, profiriendo sin respetos su esperanza o su temor.

XIII. Venida la noche sale por la puerta augural, y camina por lugares encubiertos y no practicados de las rondas en compañía de uno solo, y disfrazado con el pellejo de una fiera sobre las espaldas, discurre por los cuarteles, arrimando el oído a las tiendas y los ranchos de los soldados y gozando de las pláticas que se hacían de él. Unos le alababan de capitán nobilísimo; otros de gracia y gentileza; muchos engrandecían su paciencia, su cortesía y su valor siempre uno y de una manera, tanto en las cosas de gusto como en las graves, confesando que era general obligación darle las gracias de todo y corresponderle peleando, juntamente sacrificando a la gloria y a la venganza a aquellos pérfidos violadores de la paz.

 http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/tacito/2.html

 

Y esto lo vemos en Enrique V.

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