La maldad proverbial del homínido

Pr 25

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; 22 pues así echas ascuas sobre su cabeza, y Yahvé te lo pagará.

http://www.mercaba.org/Biblia/Comentada/sapienciales_proverbios.htm

Si tu enemigo lo está pasando mal, muéstrate generoso con él, que verás como le escuece … y tranquilo, que Yahvé te pagará el esfuerzo.

Pero el Vaticano enmienda al mismísimo Salomón:

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber:

22 así acumulas carbones encendidos sobre tu cabeza y el Señor te recompensará.

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PM7.HTM

Si ayudas a tu enemigo, a quien le escuece es a tí, pero eso es penitencia grata al Señor, que te recompensará …

Ya antes ha dicho Salomón:

Pr 24
17 No te goces en la ruina de tu enemigo, no se alegre tu corazón al verle sucumbir; 18 no lo vea Dios y le desagrade y aparte de sobre él su ira.

17 Si cae tu enemigo, no te alegres, y si tropieza, no te regocijes,

18 no sea que el Señor lo vea y lo tome a mal, y aparte de él su indignación

Dios es el freno a nuestros impulsos homínidos de aplastar a los enemigos. Pero no es tan fuerte ese freno que impida al menos hacerles sufrir. ¿Por qué dice Salomón esas cosas? Por prudencia: alegrarse de la desgracia del enemigo es una osadía contra la vida misma, una insensatez, pues en un mundo de equilibrios inestables, de fuerzas parejas, de gran complejidad de interacciones, de enfermedades, de desconocimiento, de amenazas, de riesgos, mañana te puede ocurrir la desgracia a tí  y ser tú el que sufra el escarnio de tu enemigo. Dios adquiere aquí el carácter de fatum, el destino que dispone la vida de los hombres, contra el que nadie puede luchar, ni los reyes, ni los sabios. ¿Quién puede decir que no le alcanzará la desgracia, ni mañana ni nunca? El que lo diga es un imbécil, tienta a la suerte, y lo que le suceda lo tendrá merecido por soberbio. Por tanto, mejor es no alegrase de la fatalidad, no ya de los otros, sino ni siquiera de tus enemigos, aunque estés deseando hacerlo.

Más aún; nótese el maquiavelismo del proverbio: si te alegras de la caída de tu enemigo, puede que Dios levante su castigo contra él … por tanto, si no te alegras, Dios mantendrá el castigo, y verás a tu enemigo caído, que es lo que de verdad deseas. Si haces el esfuerzo de no alegrarte, te verás recompensado. Muchos de los proverbios son de ese tipo: el esfuerzo tiene recompensa. Por ejemplo, el esfuerzo de no beber vino, (23.31-32) el esfuerzo de no holgazanear (28.19), el esfuerzo de no ser colérico (12.16), de no ir con mujeres ajenas (7.5)

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