Voltaire Carta octava

Sobre el Parlamento

Pero hay otra diferencia más notable aún entre Roma e Inglaterra, diferencia que honra a esta última: el resultado de las guerras civiles en Roma fue la esclavitud, y el de las luchas en Inglaterra, la libertad. La nación inglesa es la única en el mundo que, ofreciendo resistencia sus reyes, consiguió reglamentar el poder de los mismos y que mediante esfuerzo tras esfuerzo pudo establecer ese sabio gobierno en que el príncipe es todopoderoso para realizar el bien, pero tiene atadas las manos para hacer el mal; ese gobierno en que los señores son grandes sin insolencias y sin tener vasallos, y en el que el pueblo participa en el gobierno sin confusión. La Cámara de los Pares y la de los Comunes son los árbitros de la nación; el rey es el súper árbitro. Los romanos carecían de un equilibrio semejante; en Roma los señores y el pueblo se encontraban siempre frente a frente, sin que existiera un poder intermedio que los conciliara. El Senado de Roma, que tenía el injusto y castigable orgullo de no querer compartir nada con los plebeyos, no encontraba mejor solución, para alejarlos del gobierno, que enviarlos a luchar a países extranjeros. Miraban al pueblo como a una bestia feroz que convenía lanzar sobre los vecinos antes de que devorara a sus propios amos; así fue cómo el mayor defecto del gobierno de los romanos hizo de ellos grandes conquistadores. Eran desdichados en su tierra y por ese motivo se hicieron dueños del mundo, hasta que las divisiones surgidas entre ellos los transformaron en esclavos.

 

En lo que sigue hay que apostillar con ironía la ingenuidad de Voltaire en un par de cosas. Por lo demás, el texto sigue siendo imponente:

El gobierno de Inglaterra no ha sido hecho para alcanzar tanto brillo ni para tener un fin tan desgraciado; su fin no es conquistar, sino evitar que sus vecinos lo hagan. Este pueblo es tan celoso de su libertad como de la de los otros (jeje). Los ingleses detestaban a Luis XIV porque lo tenían por un ambicioso. Le hicieron la guerra seguramente sin interés alguno, tan sólo por bondad cordial. (jeje)
A Inglaterra le costó mucho, indudablemente, conseguir su libertad; el ídolo del poder despótico fue ahogado en mares de sangre, pero los ingleses no creen haber pagado demasiado caras sus buenas leyes.
Otras naciones soportaron las mismas luchas y derramaron una cantidad igual de sangre, pero la sangre derramada no hizo más que cimentar la esclavitud.

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