Sobre estoicismo, epicureísmo y adivinación

Entiendo que el razonamiento estoico era este: hay una divinidad que todo lo dispone, que hace que todas las cosas sucedan de cierta manera y no de otra. Los humanos estamos sometidos a la divinidad como el resto de las cosas del mundo. Ella nos da la fortuna o la adversidad, la victoria o la derrota, la riqueza o la pobreza, la salud o la enfermedad, igual que causa terremotos, tormentas, sequías etc. Los seres humanos debemos conformarnos con someternos a la voluntad de la divinidad, aceptar todos los acontecimientos, y hacerlo de la forma más noble, más digna o más sensata, es decir, actuar de forma virtuosa: no perturbarnos por los acontecimientos del mundo, mostrar la misma indiferencia ante el dolor como ante el placer, soportarlo todo y aceptar la voluntad de Dios. Ahora bien, puesto que Dios todo lo dispone, entonces ciertos acontecimientos del mundo, si no todos, son señales divinas que nos anuncian lo que va a ocurrir. No sólo es, por tanto, una impiedad rechazar las señales divinas, sino una temeridad. Contra esto los epicúreos dicen exactamente lo contrario: que existe la divinidad, que no es una sino constituída por muchos dioses, pero que ellos no intervienen en los asuntos humanos ni en los acontecimientos naturales. Por lo tanto, puesto que los dioses no se comunican con los hombres, toda forma de adivinación es un engaño.

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