Las homeostasis nacionales

Se diría que hay leyes que determinan a los países como determinan la cosmología o la biología. Por ejemplo la estabilidad. Un país, como una estructura biológica o una galaxia, acaba siempre en la forma más estable, o si se quiere, en la menos inestable para él. Eso es independiente del tipo de sistema político que tengan; es decir, el sistema político adoptado por un país es el de la menor inestabilidad, o mayor estabilidad, para ese país. Para el Reino Unido desde hace varios siglos es la monarquía parlamentaria, para Rusia lo era el zarismo, luego fue el comunismo y ahora el federalismo. En Estados Unidos, desde su fundación, la estabilidad la encontraron en el gobierno democrático republicano, incluso a pesar de la guerra civil y de la esclavitud. Para Yugoslavia tras la segunda guerra mundial fue el comunismo bajo Tito, pero después lo ha sido la desintegración: ahora son más estables los cinco o seis países separados que juntos. En España el franquismo fue más estable que la república, y ahora la monarquía ciertamente es inestable. No es tanto la monarquía en sí sino la unidad nacional, pero ambas cosas van juntas desde la transición, lo que viene a su vez del franquismo, y por tanto a su vez de la guerra civil. En tanto que seguimos mentalmente en los esquemas de la guerra civil, entran en juego los siguientes factores: nacionalismos, terrorismo, ejército, iglesia, izquierda y derecha. Concretamente estamos en una situación similar a la de antes de la dictadura de Primo de Rivera, y eso es así desde el fin del franquismo. Ni Estados Unidos, ni Rusia, ni Francia siguen mentalmente en sus respectivas y ya lejanas guerras o pre-guerras civiles.

¿Es la democracia el sistema universal al que deben converger todos los países de la Tierra? Parece que sí, pero en los países mahometanos no sucederá hasta que algo cambie en la mentalidad de esa religión. Incluso en los países católicos la democracia entra con calzador (y España según las estadísticas sigue siendo un país católico, aunque haya un partido de izquierdas y otro de derechas: http://www.laicismo.org//detalle.php?pk=12563#ppal; es decir, no hay un 72% de gente que se declare de derechas, pero sí lo hay que se declara católica). Hay que tener en cuenta que la democracia, tal y como la han establecido los anglosajones, se basa en una alternancia de dos partidos, que no se si originalmente eran izquierda y derecha, conservadores y progresistas, o eran simplemente dos candidaturas, como puedan ser dos marcas comerciales en el mercado. En todo caso cuando las dos candidaturas, como ocurre en España, preferirían gobernar sin la incomodidad de tener que soportar a la otra, la democracia es inestable. Una solución sería aceptar que, al menos aquí, izquierda y derecha son como dos religiones irreconciliables, como catolicismo y protestantismo, y convivir como en Alemania o Suiza. Pero eso pasa por dejar claro que no hay intención de acercar posturas, sino de mantenerse cada uno en su campo, como buenos vecinos que no se hablan o se hablan lo justo. En ese sentido, los anglosajones con su cinismo son más prácticos a la hora de mantener la democracia, la estabilidad política, que los españoles con ese voluntarismo ingenuo de discursos democráticos que en el fondo nadie se cree, ni a un lado político ni al otro, ni tampoco entre los nacionalistas y los antinacionalistas.

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