Luz, ojos, acción.

Los animales tienen ojos de forma natural, como las plantas tienen clorofila. La luz en los animales da lugar a su movimiento como en los vegetales da lugar a la fotosíntesis. Los ojos reciben la luz del sol y entonces el cerebro del animal reacciona y da órdenes a éste, que se pone en marcha; aunque hay que precisar que lo que recibe el ojo no es la luz, sino imágenes, imágenes de las plantas, las rocas y los otros animales del entorno, y cada animal reacciona a ellas con movimiento de persecución o de huida, si bien también de quietud, o de indiferencia. Raramente un animal no reacciona, o si se quiere reacciona con indiferencia, ante la visión de algo en movimiento.

Los animales que han perdido la visión por evolución, los que viven en cuevas o son exclusivamente nocturnos, son como las plantas que han perdido la capacidad de realizar la fotosíntesis: son excepciones. En el caso de los murciélagos la excepción se ha convertido en regla, y la adaptación a la oscuridad ha supuesto que sustituyan la visión mediante luz por algo que podríamos denominar visión mediante sonido, sin que hayan perdido del todo la capacidad de percibir la luz. La adaptación de los murciélagos es tanto a la oscuridad de la noche como a la oscuridad de las cuevas.

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