De lo humano y lo divino

La vida es la búsqueda de comodidades, la civilización es la búsqueda de comodidades, no hay límites a las comodidades que se pueden anhelar.

Si nos paramos a verlo, la mayoría de las comodidades que usamos cada día son de los últimos cien años o poco más: agua corriente, electricidad, luz eléctrica, automóviles, televisión, radio, teléfono, frigorífico, lavadora, microondas, y no digamos internet, teléfono móvil o vitrocerámica. Se diría que antes no había comodidades, es decir que la vida era incómoda.

Para los protestantes, no fue Lutero el culpable porque se separó de la Iglesia Católica, sino que fue la Iglesia Católica la culpable porque se separó de Cristo.

Las habilidades motrices son opuestas a las cognitivas, por eso los futbolistas no tienen estudios, y los catedráticos no son futbolistas.

Lo importante no es tener en la mente la Verdad, sino usar la mente para especular, razonar, concebir explicaciones, representarse el funcionamiento de algo, aunque nos equivoquemos, pues pensar es lo que nos hace humanos; los animales no pueden ni conocer la verdad ni equivocarse, pues no pueden especular.

Podemos decir con Pascal que hay que creer en Dios por si acaso, pero también podríamos sospechar que el Sol es un dios, y adorarlo … por si acaso. El Sol nos da la luz y el calor, sin él estaríamos en las tinieblas, ¿no es suficiente razón para considerarlo un dios, para adorarlo?

El Dios judío tiene un poder “adictivo” semejante a una droga: como la cocaína llegó del Nuevo Mundo, el Dios judío llegó a Europa del Próximo Oriente, se difundió a través de Cristo, y también se difundió por el ramal sur con Mahoma. Es de una fuerza enorme, enseguida causa fanatismo, quien “lo prueba” se queda enganchado, es decir, quien se convierte ya no quiere dejar de creer.

La Iglesia Ortodoxa se ha quedado en el Imperio Bizantino: una vez caído Bizancio, el Imperio Ruso fue su nuevo nicho ecológico, el lugar natural en el que establecerse, donde la figura del zar era el equivalente perfecto del emperador bizantino.

La escatología egipcia no tiene nada que envidiar a la cristiana. O tal vez deberíamos decir que la escatología cristiana no tiene nada que envidiar a la egipcia.

Ascetismo: abandonarse, o abstraerse, y encontrar el Zen, el Nirvana, el Tao, a Dios, la Ataraxia … Es decir, nada real.

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