Cultura general

Los romanos adoptaron la monarquía oriental como adoptaron ciertos dioses orientales (la última deidad adoptada fue el dios judío en forma de cristianismo). El emperador romano fue el equivalente al faraón egipcio o al gran rey persa. La divinización de los emperadores es un rasgo claramente oriental, está tomado de los faraones egipcios.

Cada neurona no es un transistor de 0 o 1, sino que las sinapsis hacen el papel de transistores, y una neurona es como un circuito integrado con decenas, cientos o miles de transistores. Y el cerebro está formado por miles de millones de esos circuitos integrados.

Hay tanta diferencia entre un chimpancé y un humano como entre un reptil y un chimpancé. El chimpancé tiene el cerebro de paleo y neomamífero además de (por encima de) el cerebro reptiliano, por lo que su conducta es más variada, tiene muchas más posibilidades vitales que el reptil. El hombre tiene las cortezas prefrontal y del lenguaje de las que carece el chimpancé, lo que hace que sus posibilidades sean mucho mayores, infinitamente mayores que las del chimpancé. Pero en último término podemos decir que el chimpancé hace lo mismo que el lagarto, es decir buscar alimento, defender un territorio, luchar con machos rivales, las hembras elegir machos aptos, y el hombre igual, el hombre al final es como un chimpancé, o como un lagarto. Sobre todo teniendo en cuenta que en el hombre el cerebro reptiliano sigue estando ahí, funcionando.

Hay aldeas, aldeas-pueblo, pueblos-aldea, pueblos, pueblos-ciudad, ciudades-pueblo, ciudades, ciudades grandes y grandes ciudades.

Europa está dividida en cuatro partes: la Europa del Norte protestante, Centroeuropa protestante y católica, la Europa del Sur católica y la Europa del Este ortodoxa.

De los romanos nos admira su solidez, su determinación, su resolución ante la vida, que se manifiesta en cuatro campos: ingeniería, derecho, política y organización militar. En cambio de los griegos lo más destacado es su filosofía, su agudeza en el pensar, la libertad que se concedieron para elaborar teorías, para crear sistemas filosóficos que daban cuenta de lo humano y lo divino, de lo material y lo mental, el ser y el transcurrir … Y tanto en griegos como romanos el arte es admirable.

La precisión de la ciencia, de su método, es la misma que la de la música clásica: las sinfonías, las orquestas, la ópera. Es un rasgo occidental.

No cabe duda de que el consumo de animales o zoofagia, en concreto de mamíferos, aves y peces, es, como la esclavitud en la Antigüedad, producto de la necesidad, y que deberá abolirse cuando el conocimiento permita elaborar carne de forma controlada, como la esclavitud fue abolida con el progreso tecnológico y social. Otro símil es el de la caza en la prehistoria, que era una necesidad, frente a la ganadería, que era una forma de obtener la carne de los animales sin tener que cazarlos, es decir, sin tener que perseguirlos o atraparlos en trampas, pero para ello se necesitó realizar el proceso de domesticación, proceso que hoy nos parece evidente pero llevó varios milenios. La elaboración de carne se puede comparar a la domesticación. Puede haber escrúpulos en el consumo de carne cultivada, pero en el momento en que ésta sea significativamente más barata que la carne de matadero se acabaron los escrúpulos.

A efectos de consciencia, tan muerto para la consciencia está un árbol como la madera de una estantería, o una planta como una planta de plástico. Y a efectos de conocimiento del mundo, lo mismo es una planta que un chimpancé. Sobre el estante de madera reposan libros; para la madera esos libros no significan nada, ni para el chimpancé.

Se diría que el fin de la vida humana es el conocimiento, para lo cual todo, menos la ciencia, son medios, no fines. Para aislar unos gramos de ciertas sustancias se necesita procesar toneladas de material en bruto. Pues igualmente resulta que para “aislar”, para “purificar” un descubrimiento científico se necesitan muchas mentes trabajando, horas y horas de investigación, mucho dinero en material de laboratorio, en equipos, en tecnología, muchos libros y revistas publicados en diversos países, muchas universidades que produzcan licenciados, doctores … Pero también se necesita un sistema político estable y eficaz, una economía próspera, un sistema de derecho fiable, buenos medios de transporte … es decir, todo lo que llamamos civilización. La civilización, por tanto, tiene como fin el conocimiento científico. La vida humana tiene como fin la búsqueda y el conocimiento de la Verdad. Incluso los hijos, la “producción” de hijos, no tiene otro fin que suministrar de forma continua ingentes cantidades de cerebros, de los que al final sólo unos pocos descubrirán algo nuevo en alguna rama de la ciencia. Las universidades producen cantidades masivas de licenciados, de los cuales sólo unos pocos serán doctores, y de estos sólo unos pocos harán descubrimientos de importancia.

Existe el amor platónico, pero no he oído hablar del amor aristotélico: un amor razonado, lógico, estudiado.

Es increíble que el teletexto siga existiendo. Es como un internet prehistórico.

El sistema de partidos y el ferrocarril se exportaron desde Inglaterra a toda Europa; el sistema de partidos es un invento político y el ferrocarril es un invento tecnológico: los demás países vieron que eran útiles y los fueron adoptando.

Darwin contradice con su vida su propia teoría: no tuvo que luchar por la existencia, nunca trabajó para vivir, ya que su familia era rica, y tampoco tuvo que luchar por las hembras ya que le arreglaron la boda con su prima. Más bien se dejó llevar por sus características personales: era muy diligente y un gran trabajador aunque no lo necesitara para vivir. También se dejó llevar por las circunstancias: se educó en un ambiente culto, lo que le permitió tener una buena formación intelectual, y vivió en la era victoriana, con dominio británico, lo que le permitió realizar viajes, acceder a libros, especímenes naturales, minerales etc. Pero si bien no luchó por la existencia, en el sentido agónico que tiene la expresión, sí podemos decir que estaba muy bien adaptado al ambiente, en este caso al ambiente victoriano, o al ambiente decimonónico inglés. Y la adaptación es la clave de bóveda de la evolución.

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