La máquina de pensar

Un programa de IA para hacer ciencia podría ensayarse simulando estados de la ciencia pasados para ver si llega a las mismas conclusiones que los humanos. Por ejemplo, si sumistrándole datos de biología y paleontología del siglo XIX llega a la misma conclusión que Darwin, sin con los mismos datos que tenía Newton llega a la ley de la gravedad, o si con los de Einstein llega a la teoría de la relatividad. Más aún, se le puede empezar dando pocos datos y que el propio programa pida datos que crea que le pueden ayudar. Si los datos que piden son los que había en cada época, se le suministran, si no, no. Si el programa es capaz de elaborar la teoría de la evolución, la gravedad y la relatividad, y cualquier otra conocida hasta ahora, podemos fiarnos bastante de que pueda llegar a la conclusión más acertada sobre el origen de la vida o sobre cosmología.

El origen de la vida

Una forma de resolver el problema del origen de la vida es mediante Inteligencia Artificial. Se le proporcionan al ordenador todos los datos disponibles, desde todos los enfoques. Se le enseña a pensar, para que encuentre las respuestas y para que busque las preguntas. La máquina entonces empieza a pedir nuevos datos a los científicos, por ejemplo sobre el parentesco genético entre dos especies de bacterias, o si cierta bacteria utiliza un compuesto químico determinado etc. O sugiere realizar nuevos experimentos concretos para obtener nuevos datos. Explorando todos los enfoques como cientos de especialistas al mismo tiempo, encontraría la mejor hipótesis.

La pesadilla

Soñé que las pintadas cubrían toda las ciudad, que todas las fachadas estaban grafiteadas, ¡todas! ¡hasta los bloques de 14 pisos!. Pasaba por la M40 y ¡las cuatro torres! grafiteadas de arriba a abajo, enteras. No salía de mi asombro, creía estar volviéndome loco. De pronto me fijo… los árboles también, pintados, los troncos pero también las copas: cipreses, abetos, pinos, plátanos … ¿cómo es eso posible?. Toda la ciudad era un inmenso grafiti, una gran obra de “arte urbano”.

El cerebro

No puedo evitar caer de vez en cuando en Yo fui a EGB. Bien, el caso es que continuamente aparecen esos recuerdos que parecían olvidados, como si cobraran vida. Aparecen y se vuelven a olvidar. En este caso, una frase que no había vuelto a escuchar: ¡Yo os niego el Nidus! Pero eso que no recuerdas, ¿existió de verdad? El cerebro guarda unas cosas y desecha otras, y en fin, lo que cada uno tiene en la cabeza es único y perecedero

El paramecio y el humano

Los humanos pasamos los días ocupados en nuestros asuntos, como los paramecios en una charca. Los paramecios no pueden entender el mundo, se limitan a vivir. No entienden la riqueza de conocimiento que hay en su charca, todo lo que se puede decir de la físico-química y la biología del agua y sus habitantes: pH, fotosíntesis, especies, genes, iones, moléculas orgánicas … de eso nada sabe el paramecio, él se ocupa de moverse de aquí para allá buscando alimento y pareja. Así, los humanos, aunque podemos entender el mundo, dedicamos el 90% de nuestro tiempo a vivir: buscar pareja, reproducirnos y esas cosas, así que realmente estamos más cerca de cualquier especie, de los paramecios o las amebas, que de una verdadera especie inteligente