La lucha entre la libertad y la autoridad es el rasgo más saliente de las épocas históricas que nos son más familiares en las historias de Grecia, Roma e Inglaterra. Pero, en aquellos tiempos, la disputa se producía entre los individuos, o determinadas clases de individuos, y el gobierno. Se entendía por libertad la protección contra la tiranía de los gobernantes políticos. Éstos —excepto en algunas ciudades democráticas de Grecia—, aparecían en una posición necesariamente antagónica del pueblo que gobernaban.

John Stuart Mill. Sobre la libertad

 

Es curioso que Stuart Mill ponga a su propio país como paradigma de la lucha contra el despotismo, en igualdad con Grecia. No ve en la historia de la humanidad ningún otro pueblo que halla repetido la hazaña griega, y con razón.

Una nueva especie

Yo creo firmemente que hace falta una nueva especie, ya que esta tiene deficiencias impasables. Si se le hiciera una auditoría a la especie humana, una inspección, no la pasaría.

Y no tengo tan claro que la educación sea la solución. Incluso aunque se revirtiera la desastrosa educación socialista, seguiría habiendo idiotas más parecidos a “animales que hablan” que a seres humanos, como si fuera algo genético. Pero es que la educación socialista, el socialismo, es un producto del ser humano, una manifestación de sus deficiencias.

Todo lioso

He aquí que hay un edificio construido por el franquismo, que está declarado monumento protegido, y que quiere desmontar y volver a montar un empresario multimillonario, procedente de un país comunista, pero el ayuntamiento, gobernado por antifranquistas, se opone a eso, porque era un proyecto del ayuntamiento anterior, que era heredero del franquismo, y/o porque lo quiere comprar un capitalista, aunque sea de un país comunista. La oposición, en su parte derechista, quiere que el capitalista desmonte el edificio, aunque sea un capitalista comunista, y aunque sea un edificio franquista.

 

The american way of write

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Descubrí esto con la Biología de Helena Curtis. Después vino la Biología molecular de la célula, de Alberts, la Bioquímica de Lehninger, y tantos otros, luego ya en el campo de la divulgación. Descubrí que en ciencia los americanos escriben, describen, con un estilo, digamos, que es al entendimiento lo que la hamburguesa al apetito: algo que gusta de forma universal, práctico, ergonómico, por así decirlo. Y puede ser un premio Nobel de física o una autista doctorada en ciencia animal, ambos escriben de forma similar.

Así que uno se pregunta: ese país que produce algo tan satisfactorio, tan sensato, tan razonado, ¿es este el mismo país de las películas psicopáticas, de las películas absurdas? Facepalm.

La física cuántica

El desconcierto que podemos sentir ante los fenómenos de la física cuántica, o ante la física cuántica en sí misma, es similar al que siente un gato que intenta atacar su propia imagen en un espejo. El gato no se da cuenta, no entiende que lo que ve no es un gato de carne y hueso, sino una imagen, y que ese aparente gato no está enfrente de él, sino en la superficie del espejo.

Nosotros no entendemos que al estudiar el átomo lo que estudiamos no son cosas sólidas, sino lo que nuestros sentidos perciben como lo sólido, y eso es lo que esperamos encontrar al enfocar en el átomo y en el núcleo. Al no encontrar la solidez en los protones y neutrones ni en los quarks, nos sentimos desconcertados. O cuando vemos que un electrón puede ser una onda siendo una partícula, es decir, siendo ¡sólido!