La vida y el lenguaje

Igual que podríamos resumir la vida como un proceso controlado de oxidación-reducción, el lenguaje se podría resumir como una concatenación de verbos y sustantivos. El verbo indica acción, hacer o pasar algo, y el sustantivo indica objetos del mundo. Así, el lenguaje no es más que decir que a los objetos del mundo les pasan cosas o hacen cosas. El verbo es el devenir de Heráclito, es el cambio, el movimiento, sin el cual todo sería un universo congelado en el que nada ocurre, ni siquiera el movimiento de los astros, y el sustantivo es el ser de Parménides, es aquello de lo que se puede decir que es algo, es el ente necesario que da consistencia al universo, pues sin objetos no es posible la acción, el cambio, ya que la nada no puede tener movimiento, ni transformación alguna.

No se puede escapar de esa limitación del lenguaje: entendemos la realidad por medio del lenguaje, o mejor dicho, explicamos la realidad por medio del lenguaje, de modo que estamos obligados y a la vez limitados a usar verbo y sustantivo como modo de entender la realidad. O bien es que la realidad es así: ser y devenir, o bien hay otra forma de comprenderla, o incluso hay cosas de la realidad que no se pueden comprender mediante verbo y sustantivo, pero no podemos conocerlas al usar como herramienta de comprensión el lenguaje. Sin embargo existen otros lenguajes, como el lenguaje musical, el gestual y el pictórico. Estos lenguajes transmiten una información que no usa el código del lenguaje hablado de verbo y sustantivo, si bien el lenguaje gestual se puede traducir a lenguaje hablado.

Lo griego y lo persa

En las guerras médicas se enfrentaron “lo griego” y “lo persa”. Venció lo griego, pero venció en Europa, no en Oriente, donde incluso a pesar de la posterior conquista de Alejandro no hubo helenización. De hecho, el propio Alejandro fue el primero en orientalizarse, lo que le valió el reproche de los griegos más allegados. De modo que en Oriente siempre ha permanecido lo persa, y permanece hoy en día en forma de islamismo.

Momentos hilarantes de la Historia

LIV. Entretanto, los atenienses, como conocían bien el humor político de los lacedemonios, hechos a pensar una cosa y a decir otra, manteníanse firmes en el sitio donde se hallaban apostados. Lo que hicieron, pues, al levantarse los demás del ejército, fue enviar uno de sus jinetes encargado de observar si los espartanos empezaban a partir, o si era su ánimo no desamparar el puesto, y también con la mira de saber de Pausanias lo que les mandaba ejecutar.

LV. Llega el enviado y halla a los lacedemonios tranquilos y ordenados en el mismo puesto, y a sus principales jefes metidos en una pendencia muy reñida. Pues como a los principios hubiesen procurado Pausanias y Eurianacte dar a entender con buenas razones a Amonfareto que de ningún modo convenía que se expusiesen los lacedemonios a tan manifiesto peligro, quedándose solos en el campo, viendo al cabo que no podían persuadírselo, paró la disputa en una porfiada contienda, en que al llegar el mensajero de los atenienses los halló ya enredados, pues cabalmente entonces había agarrado Amonfareto un gran guijarro con las dos manos, y dejándole caer a los pies de Pausanias, gritaba que allí tenía aquella chinita con que él votaba no querer huir de los huéspedes, llamando huéspedes a los bárbaros al uso lacónico. Pausanias, tratándole entonces de mentecato y de furioso, volvióse al mensajero de los atenienses que le pedía sus órdenes, y le mandó dar cuenta a los suyos del enredo en que veía se hallaban sus asuntos, y al mismo tiempo suplicarles de su parte que se acercasen a él, y que en lo tocante a la partida hicieran lo que a él le vieran hacer.

Heródoto. Los nueve libros de la Historia. Libro IX

Podemos imaginarnos a Pausanias intentando convencer al cabezota de Amonfareto de que era mejor marcharse, y el otro diciendo que no se va y no se va, con la anécdota de la “chinita” del voto. Y el pobre Pausanias volviéndose hacia el enviado ateniense diciéndole: “Ya ves, este tío, que se ha empeñado en quedarse y no hay manera de convencerle. Oye, dile a los atenienses que estamos liados con esto”.

En un momento tan trascendente, y en medio de tanta tensión, la anécdota de Amonfareto es realmente graciosa. Luego son los espartanos solos los que barren a los persas en Platea, como antes fueron los atenienses solos los que hicieron otro tanto en Maratón.

Dios y la gravedad

Imaginemos por un momento que vivimos en la Antigua Grecia, o en cualquier época de hace varios miles de años. Nos preguntamos qué es el mundo, qué es la Tierra, los cielos, el mar, cómo es la Tierra … Podríamos pensar que la Tierra es básicamente el mundo, y que el cielo y el mar son complementarios. Es la visión del mundo-Tierra. Si la Tierra es el mundo, entonces lo llena todo, y no hay espacio fuera de ella. No hay nada debajo de la Tierra, y por encima de la Tierra el cielo es finito. Es una visión pre-espacial: no existe el concepto de espacio exterior a la Tierra en el que el la Tierra está inserta. El espacio es un concepto muy moderno, que en aquella época no se nos habría ocurrido siquiera. Pero si bien al llenarlo todo de mundo y nada fuera del mundo, damos respuesta a qué es el mundo, creamos el problema de cómo puede ser limitado el mundo, si con el pensamiento siempre podemos llevarlo más allá. Y si es ilimitado, cómo es posible que lo sea, si con el pensamiento no podemos concebir tal cosa. Y eso además aplicado a un mundo sólido, como es la Tierra. Una forma de resolverlo es crear el espacio, poner a la Tierra en medio del espacio, siendo limitada la Tierra e ilimitado el espacio. Ahora es más fácil concebir un mundo inmenso vacío, con la Tierra y los astros ocupando sólo una pequeña parte. Es la visión del mundo-espacio. Pero obligatoriamente nos peguntaríamos sobre qué se apoya la Tierra en el espacio, y fuera cual fuera la respuesta,  la pregunta inmediata es en qué se apoyan los apoyos de la Tierra, y así hasta el infinito. La Tierra debería caer si está en medio de la nada. Eso es porque el planteamiento cotidiano es que las cosas pesadas no flotan, caen hacia abajo, y siendo la Tierra evidentemente pesada debería caerse*. Sólo cuando Newton explica que las cosas no caen porque sí sino que son atraídas por la Tierra, y que dicho de forma más general todos los cuerpos son atraídos por otros cuerpos, tiene sentido hablar de una Tierra en el espacio: la Tierra es atraída por el Sol, y su movimiento la mantiene a distancia del Sol. Si no se moviera caería hacia el Sol, pero si no hubiera Sol flotaría en el espacio sin caer hacia ninguna parte. El cambio de visión es como dejar de creer en los reyes magos, es una visión adulta del mundo.

*Aunque en realidad, si hablamos de una Tierra en el espacio que debería caer hacia abajo, la pregunta inmediata es hasta dónde caería, si caería indefinidamente, ya que el espacio no tiene fondo. Y si lo tuviera, tendría que ser algo sólido, sostenido a su vez por algo. Como todo eso es absurdo, nos basta decir que la Tierra está en el espacio sin caer, que flota e el espacio, aunque aún no tengamos la explicación newtoniana.

Lo mismo se puede plantear con Dios. Un primer planteamiento ingenuo es que el mundo, sea como sea como lo entendamos, Tierra-mundo o espacio-mundo, es una creación de Dios, porque lo que existe tiene que haber sido creado. Incluso aunque lo que existe haya sufrido transformaciones y ya no sea lo que fue al principio, tiene que haber un primer momento en que el mundo empezara a existir, aunque fuera bajo una apariencia muy distinta. El creador del mundo tiene que ser algo muy poderoso, capaz de hacerlo, y ese algo es llamado Dios. Pero la pregunta inmediata es si ese Dios fue creado a su vez por otro creador, lo que lleva como antes a una cadena infinita de preguntas. Una forma de resolverlo es decir que Dios se creó a sí mismo, lo que es absurdo, porque no se puede crear sin antes existir. Otra forma es decir que Dios no es creado, que es eterno. Pero eso lleva a que el mundo también puede serlo. Y aquí estamos ante un problema similar al de la caída de los cuerpos: decir que lo existente tiene que haber sido creado es como decir que la Tierra tiene que caerse si está en el espacio. No conozco a ningún Newton de la filosofía que lo haya explicado, aunque seguramente habrá varios. Y es que más que un problema filosófico es, como el de la gravedad, un problema físico. Pero la física ha llegado a conceptos tan absurdos, aunque sean ciertos, como son la relatividad del tiempo, la superposición de estados, la expansión del espacio, el entrelazamiento cuántico o la materia y energía oscuras, que la solución que da para el origen de lo existente, como que toda la materia del Universo estaba concentrada en el espacio de un átomo, o que el tiempo surgió con el big-bang, está muy lejos de explicar las cosas elegantemente como Newton. Si las explica, no es con elegancia, sino dejando la duda si todo eso puede ser realmente así, porque son ideas “raras”. En biología esas explicaciones serían inadmisibles. Sería como decir que una hormiga se transforma en un caballo. La biología es mucho más racional que la física.

Y hablando de biología, algo parecido a la gravedad y la creación ocurre con la vida y el alma. Poniéndonos otra vez en la Antigüedad, intentamos, como el propio Aristóteles, saber qué anima a los seres vivos, qué los hace diferentes a la materia inanimada. Una persona o un animal que muere, nada más morir tienen la misma apariencia que un instante antes, cuando estaban vivos. Pero ahora son como un trapo, una piedra, un trozo de madera. No responden a los estímulos, no se mueven, no respiran … Se diría que se les ha ido aquello que los animaba, se ha ido el alma o ánima del cuerpo. Esa es la visión ingenua. La visión adulta es que la vida consiste en reacciones químicas celulares en una compleja red de procesos, la fisiología, que mantienen al animal vivo. La muerte es la detención de esos procesos: la respiración, la circulación de la sangre, la actividad del cerebro … El mismo organismo que hace un momento estaba vivo ahora es el mismo pero sin actividad interior. La vida ha cesado, pero no se ha ido nada del cuerpo. El alma no existe, es un concepto fallido para explicar la vida. Lo mismo ocurre con Dios, concepto fallido para explicar el mundo.

Zenón actualizado

Viendo las imágenes de la gente de Atenas, no podríamos distinguirlas de Madrid; el parecido es asombroso. Es decir, los griegos parecen europeos en todo, al menos a primera vista. Visten igual que cualquier europeo, las tiendas son iguales, los coches, los cajeros… el aspecto no es el de un país sudamericano o moruno. Entonces, ¿por qué están como están? ¿qué les diferencia de los daneses? Podríamos decir que Grecia es una España más pobre, que España es una Francia más pobre y que Francia es una Dinamarca más pobre. Resulta entonces que Grecia es una Dinamarca más pobre. Pero si se es Dinamarca no se puede estar mal, aunque se sea ese país en versión pobre. Por tanto Grecia no puede estar mal, ya que se parece esencialmente a Dinamarca.

Líneas de tendencia

Teniendo en cuenta cómo eran las corridas de toros haces dos siglos y cómo son ahora, ha habido una disminución de la crueldad, la sangre y el salvajismo. Por eso mismo la continuación de esa tendencia es que acaben desapareciendo las corridas de toros. Que algunos no lo quieran ver sólo supone que perderán votos, poder y representación social, y que los que estén en contra de la fiesta salvaje lo ganarán, sean cuales sean sus ideas en otros ámbitos.